Archivo de la categoría: 07-Liderazgo Efectivo

Recursos para ministrar

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Liderazgo a la manera del Señor

El Sumo Consejo de Estaca

Hace un semana he sido llamado al sumo consejo y en verdad deseo servir mejor en esta oportunidad, con el estudio, la experiencia y las canas (el tiempo) creo que esta vez lo haré mejor (dicen que a la tercera va la vencida).
Con el tiempo he aprendido que no debemos dar las cosas por sentadas y decir: “… ya se lo que debo de hacer, tengo tantos años en la iglesia y ……..”. Debemos ser humildes y estudiar cuales son nuestros deberes como si fuera la primera vez que tenemos el cargo, al hacerlo nos sorprenderá darnos cuenta de que algunas de nuestras ideas y practicas no concuerdan con las escrituras, las enseñanzas de los profetas, ni mucho menos con las instrucciones actuales … y entonces ¿de donde las recibimos? … ¡SI! DE LAS TRADICIONES.
Esta presentación esta dirigida a los que forman parte del comité ejecutivo del sacerdocio de estaca, y tiene el propósito de que podamos analizar y reflexionar sobre nuestros deberes. Espero que esta presentación nos ayude a servir al Señor con más eficacia.

El Sumo Consejo – Parte 1 from Luis Castillo

Nota: Para nosotros los bloggers los comentarios son el combustible que nos impulsa a seguir publicando. Si te ayudo esta presentación deja un comentario. 

La Iglesia anuncia el nuevo curso de estudio para los jóvenes de 2013

La Iglesia ha anunciado un nuevo curso de estudio titulado Ven, sígueme: Recursos de aprendizaje para los jóvenes de las clases de los Hombres Jóvenes, Mujeres Jóvenes y de la Escuela Dominical del año 2013.
Diseñado para cambiar la forma en que los maestros enseñan como así también la forma como los alumnos aprenden, el nuevo curso de estudio “integra las doctrinas básicas del Evangelio, así como los principios para la enseñanza a la manera del Salvador”, de acuerdo con la carta de la Primera Presidencia del 12 de septiembre de 2012. “Confiamos en que el nuevo curso de estudio bendecirá a los jóvenes en sus esfuerzos de convertirse plenamente al evangelio de Jesucristo”.
Ven, sígueme contiene varias funciones nuevas, incluso temas doctrinales mensuales que están coordinados entre las clases de los Hombres Jóvenes, las Mujeres Jóvenes y las clases de la Escuela Dominical de los jóvenes; las reseñas de la lección siguen el modelo del método de enseñanza del Salvador; y en un formato en línea más flexible.
Se anima a los miembros, líderes y maestros a explorar el nuevo curso de estudio en línea en lds.org/youth/learn, donde encontrarán videos útiles que explican cómo implementar el nuevo curso de estudio, una nueva guía titulada “Enseñar el Evangelio a la manera del Señor” y reseñas de las lecciones, además de ideas para preparar interesantes actividades de aprendizaje. Al final de 2012, todas las reseñas de las lecciones estarán disponibles en 23 idiomas.

Rescatemos a nuestros hermanos

“Tenemos la responsabilidad, sí, el deber solemne, de influir en todos aquellos a quienes se nos ha llamado a tender una mano de ayuda. Tenemos el deber de guiarlos hasta el reino celestial de Dios. Ruego que recordemos siempre que el manto de liderazgo no es el manto de la comodidad, sino más bien la vestidura de la responsabilidad; que nos esforcemos para rescatar a los que necesiten nuestra ayuda y nuestro amor. Si tenemos éxito, si logramos traer a una mujer o a un hombre, a una niña o a un niño para que vuelvan a ser activos, estaremos respondiendo a la ferviente oración de una esposa, una hermana o una madre, contribuyendo a satisfacer el mayor anhelo de un esposo, un hermano o un padre. Estaremos honrando la guía de un Padre amoroso y siguiendo el ejemplo de un Hijo obediente. Y aquellos en quienes influyamos honrarán nuestro nombre para siempre.”
 (Pte. Thomas S. Monson, Liahona julio 2009, pág. 5)

Capacitación Mundial para Lideres – Febrero 2011

Acceso online al Manual 2 de Administración de la Iglesia

Ahora todo miembro de la Iglesia puede acceder a la información que se encuentra en el Manual 2, el cual se entrega solo a los lideres del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares.

Reunión de Presidencia

Por Karina Michalek de Salvioli
Luego de los nervios que supone un nuevo llamamiento, el poner en orden el trabajo debería ser una de las primeras prioridades. De ello dependerá que el cumplimiento de los propósitos por el cual fuimos llamados pueda cumplirse.Así nos encontramos frente al manual de instrucciones tratando de descifrar la información que no se nos presenta muy claramente. Sin importar en qué organización trabajemos hay algunas cosas que todos podemos hacer.
Obtener la visión

Entender cuál es el propósito de la organización en la que estamos sirviendo.¿Por qué me llamó el Señor? ¿Qué es lo que Él espera que haga? ¿Cómo puedo influir positivamente en cada uno de los que están bajo mi responsabilidad? Nadie es indispensable, pero hay cosas que con mis talentos, personalidad o forma de ser, yo puedo hacer y que otros no pudieron.
Aprender las responsabilidades (para ejecutar la visión)
Nunca podremos cumplir correctamente si no conocemos nuestras responsabilidades como líderes. Conocerlas, nos da derecho a recibir inspiración y a “permanecer” (DyC 107:99-100). Obrar con diligencia también es importante, pero no podemos ser diligentes sin preocuparnos por aprender lo que tenemos que hacer.
Como presidencia debemos estar unidos en nuestro conocimiento de las responsabilidades, por lo cual es conveniente estudiarlas individualmente y como consejo que conformamos.Cada organización tiene un propósito que forma parte del propósito general del Evangelio, el Perfeccionar a los Santos que según la organización estará desarrollado en el cumplimiento de diversas actividades o programas.Como presidenta de la Primaria, por ejemplo, debo comprender junto con mis consejeras cada programa, actividad y objetivo de los mismos. Enumerarlos y discutirlos para ayudarnos al realizarlos.
Trazar un plan
Teniendo siempre presente el propósito de la organización y conociendo nuestras responsabilidades, llega el momento de planear la acción. En la misma reunión de presidencia podemos ver cómo comenzaremos a trabajar. ¿Qué queremos hacer o lograr?A veces el entusiasmo puede llevarnos a poner metas demasiado exigentes. Entonces es bueno ver “el campo de trabajo” y evaluar qué han hecho o saben los niños del programa Fe en Dios, por ejemplo. De ahí y sin apresurarnos, elegiremos qué actividad será la más apropiada de realizar para debutar en el nuevo desafío.
Esto nos llevará a prepararnos adecuadamente y lograr una motivación más eficiente en los niños. Si a las apuradas decidimos que en dos días haremos galletitas caseras para llevarle a un niño enfermo, nos encontraremos el día en cuestión con que el horno de la capilla no funciona muy bien, la casa del niño queda demasiado lejos para ir caminando o que probablemente el niño ya esté sano. La actividad habrá sido una experiencia frustrante para todos.
Establecer claramente la meta
Cada programa tiene objetivos en particular que debemos alcanzar, pero todos incluyen ‘Invitar al Espíritu’ a testificar los principios que se están practicando, aprendiendo o descubriendo. Al participar en una actividad en donde aprendan a realizar comidas sencillas como parte de la preparación misional, un jovencito descubrirá un aspecto desconocido de la vida misional; en dónde un asunto “temporal” significará tener buena salud y fuerza física para trabajar en los asuntos de su Padre Celestial. Un paso previo a fijar una meta es saber exactamente dónde estamos. Es el punto de partida. Es la base para poder evaluar.
Para que una meta esté bien fijada debe ser específica (¿qué?), los medios que se utilizarán (¿Cómo?), determinar responsabilidades (¿Quiénes?), establecer claramente el tiempo en que debe ser cumplida (¿Cuándo?), y evaluable.
Repartir responsabilidades

Una manera sabia y organizada de trabajar es incluir a todos en el desarrollo de una actividad en particular. Sabemos qué queremos hacer, ahora tenemos que definir quiénes nos ayudarán a hacerlo. Siguiendo con el ejemplo de la Primaria, preparar lo necesario para el Programa de la Reunión Sacramental incluirá la participación de las maestras, la directora de música, la secretaria, y la presidencia.Para no olvidarse ni superponer trabajo debemos escribir en la minuta de la reunión qué hará cada uno.
Estar dispuestos a una evaluación
En cada reunión es conveniente repasar las asignaciones de semanas anteriores en relación a las metas fijadas. Esta es la parte clave para analizar en qué parte del camino estamos en este preciso momento, y hacer los ajustes necesarios. Todos queremos la mejor calificación en una evaluación, pero en los asuntos del Señor muchas veces no podremos saber la influencia de nuestras acciones en los llamamientos. No obstante la evaluación es sumamente importante para aprender a hacer las cosas de mejor manera; para aprender a adaptarnos a las necesidades de quienes estamos ayudando a aplicar el evangelio; para saber si nuestro esfuerzo está bien enfocado. Muchas presidentas de Mujeres Jóvenes caen en la desesperación de realizar la tarjeta de cumpleaños más espectacular, cuando lo más importante sería que las palabras allí escritas motiven a la joven a cumplir sus metas o las alienten por el esfuerzo realizado.
Cada reunión no debe ser un debate de dure una eternidad. La objetividad nos permitirá ajustarnos al tiempo ideal de una hora y media o a lo sumo dos horas. Las frecuencias de las reuniones serán las que necesitemos para no olvidar lo que dijimos la anterior. De ahí que la sugerencia de reunirse semanalmente o cada dos semanas sea tan importante. Una reunión de presidencia tiene una minuta sencilla y no debería sobrepasar las dos horas:
Oración: para pedir la guía en nuestra labor.
Estudio de manuales: (5 a 10 minutos) Manuales de instrucción, cartas, pautas recibidas, reuniones de instrucción.
Reportes de asignaciones: Fundamental para saber que se hizo desde la última reunión.
Presentar temas: los que se elijan para tratar no deben llevar demasiado tiempo. Empezar por un programa o dos o tres temas más importantes. Por ejemplo en la Primaria podría ser: Repaso de los nombres de los niños que asisten y los que deberían asistir, para saber sus cumpleaños, conocer a sus familias y proponer ayuda en la reunión de Consejo de Barrio. Programación del Tiempo para Compartir de los próximos dos meses. Días de actividades: presentación propuestas para realizar el mes siguiente. En la Sociedad de Socorro se podría tratar el seguimiento de las Jóvenes Adultas, revisando quienes son sus maestras visitantes y con cuanta frecuencia hacen un contacto con las jóvenes, por ejemplo. Si es el caso la Escuela Dominical, preparar lo necesario para que los maestros trabajen bien, incluirá coordinar el uso del televisor, láminas, manuales, ayudas didacticas, listas de alunmos, seguimiento de cursos especiales. Asignaciones: Las ideas son muy buenas, pero si no hay asignaciones todo queda en el aire. Para no olvidar ni superponer trabajo debemos escribir en la minuta qué hara cada uno.
Evaluación de metas: Concreta, real, sin divagar y con la idea de ajustar acciones y no de criticar.
Oración final: Para estar dispuestos a seguir los susurros del Espíritu y someternos a su voluntad
En la conferencia general de octubre de 2006 el presidente Gordon B. Hinckley dijo:- ‘Pongan su mejor esfuerzo’. Nos invitó a poner el hombro, a dar nuestra mejor clase de trabajo y ello significa ‘no correr más de lo que nuestras fuerzas den’ o ‘no pensar que tenemos demasiado tiempo por delante para hacerlo’. Empezar a ordenar nuestro trabajo en la Iglesia nos predispondrá de mejor manera a sentir y seguir la guía del Espíritu.
Estilo SUD, 16 de mayo de 2009

LA COMUNICACIÓN ESPIRITUAL

POR EL ÉLDER RICHARD G. SCOTT
DEL QUÓRUM DE LOS DOCE APÓSTOLES
En Principles of the Gospel in Practice, Sperry Symposium 1985, (1985), pág.6.
Cuando recibí por primera vez asignaciones de la Iglesia, que incluían aconsejar y capacitar a otras personas, tuve muchos deseos de compartir experiencias personales que consideraba que tendrían alguna aplicación en la vida de ellas. Ese impulso de compartir se basaba en un sincero deseo de ayudar. A medida que ganaba experiencia, cuando alguien venía pidiendo ayuda o consejo, parecía que tenía una lista de experiencias de mi propia vida o lecciones que había aprendido de otra gente que deseaba compartir con esa persona. Eso lo hacía con gran sinceridad
y deseo de ayudar.
Con el transcurso de los años, me doy cuenta de que me siento menos inspirado a ayudar a las personas con lo que yo he aprendido; en cambio, me siento muy motivado a compartir con ellas cómo aprendí esas lecciones. Muchas de esas lecciones me conmovieron profundamente y moldearon mi vida, pero me di cuenta de que la guía, el entendimiento, la claridad y la experiencia más atesorada vienen directamente del Señor por medio del Espíritu Santo.

Primer llamamiento, el desafío de todos

Por Karina Michalek de Salvioli
Cuando conocemos el evangelio nos maravillamos al ver como las personas se enseñan unas a otras. Tenemos la leve sospecha que tanto discursantes como maestros tienen una formación académica por detrás.Pero al poco tiempo de bautizarnos el misterio se devela: salvo honrosas excepciones nadie es maestro de profesión. Entonces deducimos que los muchos años como miembros de la iglesia permiten a las personas aprender los principios del evangelio lo suficientemente bien como para sentirse capaces de enseñar.Aceptamos gustosos convertirnos en Maestros Orientadores o Maestras Visitantes, porque en cierta forma nos recuerda a los misioneros que nos predicaron. Aunque el temor y los nervios nos traben el habla, estamos dando los primeros pasos en la enseñanza.Pero toda nuestra teoría se desvanece cuando el obispo nos llama para tener una entrevista.
Sin tener idea del por qué de dicha entrevista, entramos al obispado con una gran sonrisa que va diluyéndose lentamente cuando escuchamos: “…hemos sentido, luego de orar, que el Señor desea que usted sirva en Su reino como maestro de la clase de…”.Ahí se nos para la respiración, lo que provoca que en nuestra mente se agolpen todo tipo de pensamientos:
¿Yo, un maestro? Pero si en los exámenes orales bajaba como 5 kilos de tanto sudar por los nervios!!
¡Cómo voy a darle una clase al hermano Tal si él tiene años en la Iglesia! ¿qué le puedo enseñar?
¿Maestra de niños?¡Pero si me alegro más cuando los nietos se van que cuando llegan de visita!
Pero… el Señor pensó en mí… ¡es maravilloso!
¿Cómo funciona la inspiración?
¿A qué se refiere el obispo con “el Espíritu le guiará”?
¿Será verdad que recibiré revelación personal para saber cómo enseñar?
Salimos del obispado diciendo gracias sin estar muy seguros de por qué estamos agradecidos y aferrándonos al manual cual tabla de salvación. Esa primera semana leemos todo el material recibido. Oramos pidiendo claridad mental. Nos dedicamos a “escudriñar” las escrituras. Y cuando creemos que aplacamos nuestra ansiedad, pensamos: “¿y si cuando hacen el sostenimiento alguien levanta la mano en contra?”Pero eso no sucede. Al finalizar la reunión muchos se nos acercan para felicitarnos. Todos, sin excepción, nos cuentan de sus nervios al recibir su primer llamamiento, pero con emoción comparten cómo les sirvió para fortalecer sus testimonios. Nos dan palabras de aliento y comprendemos que no seremos los únicos. Cuando nos apartan, emocionados escuchamos y guardamos esas palabras en nuestro corazón.A veces sucede que el líder presidente de la organización nos dedica el tiempo suficiente para explicarnos la dinámica del llamamiento. Y si eso no sucede tomamos valor y pedimos ayuda al que tenga cara de buen amigo.
Llega el gran día y sólo pensamos en que lo mejor que podría pasarnos es intoxicarnos con el desayuno; que el colectivo que nos lleva a la capilla equivoque el camino; que un tornado nos arrebate de la tierra; o que venga algún jinete del Apocalipsis y nos invite a cabalgar con él.Con una oración en nuestras mentes enfrentamos el desafío, sin saber que muchos también orarán con y por nosotros.Con el tiempo, apenas guardamos recuerdo de nuestra primera clase. Es muy probable que no recordemos qué enseñamos ni quienes estaban presentes. Al desarrollar el don que nos fue conferido al ser apartados, empezamos a coleccionar experiencias que corroboran la escritura de Doctrina y Convenios 50:22: ”el que la predica y el que la recibe se comprenden el uno al otro, y ambos son edificados y se regocijan juntamente”.Las “tormentas” que puedan hacernos naufragar en medio de una clase se convierten en experiencias que nos permiten “entregarnos en los brazos de Señor” para salir a flote.
Vemos en otros a “rescatistas” que saben por experiencia propia y nos tienden una mano.Descubrimos que las alabanzas de los hombres no son nada cuando escuchamos que la clase fue la respuesta a la oración de alguien. O cuando un niño lamentó nuestra ausencia y nos entrega un papel arrugado y pegoteado con caramelo en donde nos vemos reflejados con una enorme cabeza llena de rulos que ocupan toda la hoja y una sonrisa de oreja a oreja (que también dibujó con aros gigantes). Empezamos a disfrutar de los frutos del Espíritu al ver a un hombre que viene solo a la capilla, derramar lágrimas en medio de una cita, y que sólo puede decirnos “gracias”, comprendiendo lo que es la comunicación espiritual. Cuando vemos el ejemplo del Salvador sentimos más humildad al ver que Él desea que lo sigamos. Él es nuestra mejor ayuda para saber qué hacer. Sus métodos de enseñanza reflejan un amor sincero por todos sus “alumnos”. Y nosotros también somos uno de ellos, por lo tanto pedir guía divina para cumplir con nuestra responsabilidad pasa a ser el mejor método para preparar una clase.Pasará el tiempo y seremos nosotros quienes alentemos a los conversos en su primer llamamiento. Es la mejor manera de agradecerle al Padre las bendiciones que tuvimos por ser fieles y vencer nuestros temores.
Nuestro primer llamamiento se convertirá en una fuente de anécdotas que realmente fortalecerán nuestra fe. Estaremos así llenando un poco más nuestro traje de discípulos de Cristo al seguir su ejemplo ayudando y acompañando a aquel que recibe su primera asignación en la Iglesia.
Publicado en Estilo SUD

El Líder Interior

Por Roberto Pitarch
La eficacia de un líder se mide por el grado en que afecta la vida de quienes se asocia. Su vida y su ejemplo determinan ese nivel de aceptación que impulsa a las personas a seguirlo. Esta influencia determinante proviene de lo que realmente somos; no por poseer un cargo en particular, por determinada posición, ni por lo que parecemos, sino por las cualidades y aspectos internos
que muestran una armonía con lo que decimos, con lo que aconsejamos y con los principios que predicamos. Esto no sólo se aplica a las cuestiones espirituales y morales, sino a todo lo que abarca un desarrollo completo. Una vez escuché decir: “Sabemos de donde venimos, porque estamos aquí en la tierra y a donde vamos”, en relación al plan eterno, pero no sabemos qué vamos a hacer mañana, qué vamos a estudiar, de qué vamos a trabajar, cómo vamos a llegar a fin de mes y otras cuestiones básicas en nuestra vida. A este aspecto, considero llamarlo “El Líder Interior”. Si este desarrollo no se da, no estamos alcanzando ser un líder completo. Es allí donde deberíamos poner énfasis, para no ser sólo una fachada de líder. A veces falta un plan estratégico para desarrollarnos cabalmente, además de metas y objetivos a corto y largo plazo. Nuestra vida está sujeta a fuertes desafíos y dificultades, la manera en que los enfrentemos, muestra ese desarrollo interior. A fin de poder enfrentar las situaciones que nos presenta la vida, el Señor nos dijo “Si estáis preparados no temeréis” (D&C38:30). En los manuales para líderes de la Iglesia, refiriéndose a los obispados y presidencias de estaca, dice que éstos den el ejemplo de “Bienestar Temporal” esforzándose por ser “Autosuficientes”.Siempre me impactó una declaración hecha por él élder Bruce R. McConkie en abril de 1972, cuando dijo “la salvación consiste en llegar a ser como Dios…, lo lograremos al aprender a pensar como El piensa, creer lo que El cree, y hacer lo que El haría”.Se resume así, el modelo a seguir. ¿Veríamos a un Dios, planteándose dudas sobre su autosuficiencia o sobre otros temas como los planteados? No cabe duda que su desarrollo es completo.Por supuesto, esto suena abrumador. Hay una gran dificultad en alcanzar ese nivel de perfección en esta vida (Juan 5:48).También hay una lista impresionante de cualidades a lograr. Las mismas deberían ser parte de nuestras metas, con diligencia y obediencia a los consejos.Tenemos muchos modelos y ejemplos de profetas antiguos y modernos para imitar, y que quizás, a ellos los vemos más cercanos y alcanzables.
El profeta José Smith es un modelo de desarrollo personal basado en la diligencia y obediencia. El entendió profundamente que significa, avanzar según la manera de Cristo, de gracia en gracia, de logros menores a logros mayores, teniendo claro un modelo a seguir e imitar, valiéndose de los principios que rigen este proceso.Su comienzo fue muy humilde; al igual que Cristo, no pertenecía a una importante familia de la alta sociedad, ni sus estudios fueron cursados en establecimientos educativos reconocidos en su época.A Cristo le decían “El hijo del carpintero”; no era ni César, ni Nerón, ni Príncipe ni Rey de este Mundo. Se trasladaba a pie, no a caballo, ni en carroza. Sin embargo era el más grande de todos. El profeta José Smith aplicó en su vida ese plan de desarrollo y se convirtió en un líder sin igual.Con respecto al Salvador, las escrituras nos dicen “El niño crecía y se fortalecía y se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre El. (Lucas 2:40)Luego observamos el episodio que se registró a los 12 años, cuando Cristo no sólo conversó, sino también enseñó a los doctores de la ley. (Según la versión traducción de J. Smith).
En Lucas 2:41-52 agrega: “Jesús crecía en sabiduría y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”
A pesar que nada se menciona de los siguientes 18 años de su vida, de allí podemos deducir cómo se preparó para su gran liderazgo, y cómo fue su desarrollo personal.El Pte. Benson dijo, “tenemos en 17 palabras, el relato directo, significativo y comprensible de los 18 años de preparación del hijo de Dios, el Salvador y redentor del mundo. Aquí en un amplio bosquejo, en una oración sucinta (en cuatro puntos) están expresados los cuatro campos principales de la actividad y esfuerzo del hombre. (Improvement Era, Junio de 1966, págs.545-546)A partir de allí el Pte. Benson enumeró los 4 campos principales de desarrollo del Señor y también del nuestro Mental, Físico, Social y Espiritual. Estos serían los campos de desarrollo para caminar hacia una perfección similar a la de Cristo, hacia un modelo de liderazgo completo.El desarrollo de nuestro Bienestar Emocional, Físico, Económico y Espiritual son los que nos hacen independientes y capaces de liderar con eficacia a otras personas.Si estudiamos cuidadosamente la vida de los profetas, vamos a sacar muchos ejemplos del desarrollo previo a través de un liderazgo interior, que genera un carácter basado en pensamientos nobles y positivos, sin importar las difíciles circunstancias por las que atravesaban.Cada uno de ellos, puso énfasis en ser industriosos, en la economía y la autosuficiencia. Esto implica un sabio planeamiento, teniendo en cuenta el equilibrio necesario para el desarrollo de una buena educación, profesión u oficios, a fin de poder servir libremente en las responsabilidades que el Señor puso sobre sus hombros.
El Obispo J.Richard Clarke en la Conferencia General de abril de 1982, dijo: “Del crisol del trabajo emerge la templanza de la personalidad. El trabajo se ha transformado en un distintivo de los mormones, somos conocidos en todo el mundo como una gente enérgica e industriosa”.Se dice que al presidente Wilford Woodruff le gustaba mucho trabajar… para él era una bendición, un privilegio… la faena en los cañones, el sudor de la cosecha…eran parte de la economía DIVINA. Sudar era un mandamiento como orar. (Matthias F. Cowley, Deseret News 1909, págs. 644,45)Me impactó muchísimo, al regresar de mi misión, esa determinación por el trabajo y el esfuerzo. Así fui logrando mis metas, con un concepto profundo en desarrollo personal y sobre todo en la visión de mi potencial divino.No hay nada que sea más tonto de pensar, que uno que no es capaz de realizar grandes cosas en esta vida. Creo que eso es una debilidad profunda y no compatible con el conocimiento del evangelio.Ese concepto de que nada es imposible de llevar a cabo, lo conversé con muchos jóvenes en sus entrevistas de relevo al regresar de sus misiones. Algunos me contaban de la pobreza de sus hogares, al cual debían regresar, y allí venía el desafío de luchar por eso que parecía imposible.
Compartí con ellos ese pensamiento de Lytton (novelista inglés, autor del libro Los últimos días de Pompeya) “¡Sueña oh juventud! Sueña virtuosa y noblemente y tus sueños se convertirán en profecía”. Nada más real que esa frase. Los sueños se convierten en metas y en objetivos a lograr y terminan en realidad; doy absoluta fe de eso.La mayor alegría, la recibí al ver a muchos de ellos lograr esos objetivos sin apartarse de la visión eterna.Así queda definida la necesidad de cada uno de nosotros, de hacer énfasis en un desarrollo personal, basado en el modelo del Señor y seguido por los profetas de todas las dispensaciones.¿Cómo comenzamos este plan de desarrollo personal?Las escrituras también nos enseñan que hubo una creación espiritual y luego una creación física. Así también en nuestra vida, hay una creación mental y luego una física. Primero debemos definir lo que deseamos lograr y después organizar todos los elementos para lograrlo.Este liderazgo interior es el que hace la pregunta ¿qué cosas quiero en esta vida?Peter Drucker (famoso escritor austríaco de literatura relacionada con el management, gestión de las organizaciones y liderazgo, considerado uno de los líderes más influyentes del siglo xx), afirma: “Administrar es hacer las cosas bien; liderar es hacer las cosas correctas”. Así comenzamos pensando en objetivos; esta es la base para tomar las decisiones importantes, aquellas que afectan nuestra vida. Debemos fijar estos objetivos para cada campo de nuestro desarrollo, con metas cortas y largas, con la voluntad de hacer las cosas, aún cuando no tenemos ganas, recordando los verdaderos valores sin ceder a los impulsos negativos. No poniendo las circunstancias como excusa.George Bernal Shaw dijo: “La gente siempre está culpando a sus circunstancias por lo que son. No creo en circunstancias. Las personas que triunfan en el mundo son las personas que buscan las circunstancias que desean y si no las hayan, las hacen”.
Otra pregunta sería ¿qué es triunfar? ¿Qué es el éxito en la vida?Hay un relato muy interesante del presidente Romney:“Un día se me acercó uno de mis nietos y me dijo: “Te he estado observando, y también me he fijado, en otros hombres que han tenido éxito en la vida, y estoy decidido a tratar de lograr lo mismo. Quisiera entrevistar a todas las personas que pueda, a fin de descubrir qué es lo que las ha llevado al éxito.
Abuelo, de acuerdo con tu experiencia personal, ¿Cuál dirías que es el elemento más importante para obtenerlo? Le dije entonces, que el Señor nos dio la fórmula más segura para el éxito cuando dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).” De alguna manera yo también en determinado momento, hice mi propia encuesta, al igual que el nieto del Pte.Romney, y también aprendí de ella la misma enseñanza.Sin apartarnos de esta regla, debemos analizar dónde estamos HOY, cuánto hay para mejorar, para desarrollar y para alcanzar. Sabiendo todo lo que sabemos, siendo bendecidos con la revelación personal, debemos poner todo nuestro talento, fuerza y energía para fortalecer nuestra posición y enfrentar los desafíos de hoy y del mañana que caerán sobre nosotros y nuestra familia.
Los problemas de la economía global que hoy estamos viviendo, los azotes de la naturaleza, gran parte producto de los errores del hombre y la poca confianza en las enseñanzas divinas dadas por el Señor a sus profetas. Pero sabemos sin dudas que estas condiciones presentes hoy, continuarán, con los agravantes alertados en las escrituras D.yC. 29:20 / Mateo 24, hechos que vendrán sobre esta tierra, como parte de las desolaciones de los últimos días.En D.yC. 78:14 aprendemos esto, y si bien está dirigida a la Iglesia, debiera ser una bandera para nosotros, a fin de hacernos independientes del mundo y de sus presiones.Cuando comenzaron las recientes noticias de la grave situación en Estados Unidos con la caída de bancos, la bolsa y las terribles consecuencias que esto trae, llamé rápidamente a algunos amigos que viven allí para ver su situación y su respuesta fue: “Estamos bien; hemos seguido siempre los consejos de los profetas sobre la correcta administración de las finanzas. Todo está bien en nuestra familia”.Pongamos confianza en nuestro potencial divino, utilizando el albedrío que poseemos. Planeemos, preparémonos para enfrentar todos los desafíos, logrando un fuerte Liderazgo Interior.
Es conocido entre los miembros de la iglesia la frase, UNA RELIGION QUE NO PUEDE SALVAR AL HOMBRE TEMPORALMENTE, NO TIENE EL PODER DE SALVARLO ESPIRITUALMENTE.Las bendiciones materiales son parte del evangelio, si se obtienen de la manera correcta y por razones justas.Si hacemos el mayor esfuerzo, lograremos muchas cosas a lo largo de nuestra vida.No todos podemos lograr nuestros sueños en los tiempos que pensamos. A veces los tiempos del Señor no son los nuestros.Todos podemos ser exitosos, pero va a depender del sacrificio, del precio que estemos dispuestos a pagar. Podemos ser uno de los mejores en donde pongamos énfasis. También podemos sentir la satisfacción de luchar por lo que queremos lograr, y después de todo el esfuerzo, el Señor, compensa ese deseo acompañado de todo el sacrificio de dar lo mejor, lo máximo, agregando el resto.
Si tenemos esta actitud, de Liderar nuestra alma, de hacer las cosas correctas para ir logrando ese desarrollo personal. Esto se verá reflejado en las personas con quienes actuamos y nos asociamos en los roles de la vida.El presidente David O. McKay escribió: “Cada persona en mayor o menor grado afecta las vidas de aquellos con quienes se asocia. Existe una radiación de carácter de cada individuo. Las personas son más o menos susceptibles a esta radiación. Si pudiéramos interpretarlo en forma correcta y plena como lo hizo Jesus,el Gran Maestro, podríamos llegar a una estimación justa de aquellos a quienes conocemos. ESTA RADIACION NO VIENE DE LO QUE LA PERSONA PRETENDE SER, SINO DE LO QUE EN REALIDAD E INTRINSICAMENTE ES” (Instructor, marzo de 1949, pag 105).
Este es el desafío, tenemos mucho para seguir caminando, pero sepamos hacia donde; cuál es el lugar a donde nos dirijimos y qué cosas debemos corregir a fin de ir en la dirección correcta.

Publicado en Estilo SUD, 18 octubre 2008

Jesus: El lider perfecto

Por el Presidente Spencer W. Kimball
Hay muchísimas cosas que se podrían decir tocante a la extraordinaria capacidad de liderazgo del Señor Jesucristo, mucho más de lo que podría expresarse en un artículo o en un libro, pero quisiera señalar algunos de los atributos y aptitudes que Él demostró tan perfectamente. Estas mismas aptitudes y cualidades resultan importantes para nosotros si es que deseamos tener éxito perdurable como líderes.

Los principios concretos
Jesús sabía quién era y la razón por la que estaba en este planeta, lo cual le permitía guiar a Sus seguidores basado en la certeza personal y no en la incertidumbre o en la debilidad.
Jesús actuaba en base a principios o verdades concretos en vez de limitarse a establecer las reglas sobre la marcha. Por eso, Su estilo de liderazgo era no sólo correcto sino también constante. Muchos de los líderes seculares de hoy son como los camaleones: cambian sus tonos y puntos de vista para adaptarse a la situación, con lo cual sólo confunden a sus socios y seguidores que no pueden estar seguros del curso a seguir. Quienes procuran el poder a expensas de los principios a menudo terminan por hacer casi cualquier cosa para perpetuarlo.
Jesús dijo muchas veces: “Ven, sígueme”. El Suyo era un método de “Haz lo que yo hago”, más bien que de “Haz lo que yo digo”. Su brillante inteligencia innata le hubiera permitido hacer gran ostentación, pero con eso habría dejado atrás a Sus seguidores. Él caminó y obró con aquellos a quienes tenía que servir. El Suyo no fue un liderazgo a la distancia; no temía a las amistades estrechas, ni a que Sus seguidores se desilusionaran si se le acercaban demasiado. La levadura del verdadero liderazgo no puede levantar a nadie a menos que acompañemos y sirvamos a aquellos a quienes tengamos que dirigir.
Jesús se mantuvo virtuoso y así, cuando quienes le rodeaban estaban tan cerca de Él que podían tocar el borde de Su manto, la virtud emanaba de Él (véase Marcos 5:24–34).
El comprender a los demás
Jesús era un líder que escuchaba. Debido a que amaba a los demás con un amor perfecto, escuchaba sin ser condescendiente. Un gran líder es aquel que escucha, no solamente a los demás sino también a su conciencia y a la inspiración de Dios.
Jesús era un líder paciente, persuasivo y amoroso. Cuando Pedro desenvainó la espada y golpeó al siervo del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha, Jesús le dijo: “…Mete tu espada en la vaina…” (Juan 18:11). Sin enojo ni agitación, serenamente Él sanó la oreja del siervo (véase Lucas 22:51), y Su reprensión a Pedro fue bondadosa pero firme.
Por amar a Sus seguidores, Jesús estaba en condiciones de decirles la verdad, de ser sencillo y sincero con ellos. Hubo veces en que amonestó a Pedro, precisamente porque lo amaba, y éste, por ser un gran hombre, pudo madurar gracias a esas amonestaciones. Hay un maravilloso pasaje en el libro de Proverbios que todos debemos recordar:
“El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará.
“El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento” (Proverbios 15:31–32).
Sabio es el líder o el discípulo que puede hacer frente a las “amonestaciones de la vida”. Pedro pudo hacerlo, pues sabía que Jesús lo amaba y fue por eso que el Señor lo preparó para ocupar un alto lugar de responsabilidad en el reino.
Jesús veía el pecado como algo malo, pero también lo veía como algo que provenía de necesidades profundas e insatisfechas de parte del pecador. Esa percepción le permitía condenar el pecado sin condenar al pecador. Del mismo modo, nosotros podemos poner de manifiesto nuestro amor hacia otras personas, aun cuando tengamos la responsabilidad de reprenderlas. Tenemos que ser capaces de ver en lo más profundo de la vida de los demás a fin de percibir las causas básicas de sus fracasos y defectos.
El liderazgo abnegado
El liderazgo del Salvador era abnegado. Siempre puso Sus necesidades y a Sí mismo en segundo plano y dedicó Su tiempo a ayudar a Sus semejantes en todo momento, y lo hizo infatigable, amorosa y eficazmente. Muchos de los problemas del mundo actual son causados por el egoísmo y el egocentrismo de muchas personas que exigen, implacablemente, demasiado de la vida y de los demás a fin de satisfacer sus propias demandas. Esa actitud es completamente contraria a los principios y prácticas que ejemplificó el líder perfecto, Jesús de Nazaret.
El liderazgo de Jesús destacaba la importancia de saber discernir con respecto a otras personas, sin procurar controlarlas. Él se preocupaba por la libertad de Sus seguidores de escoger cuál será su curso; e incluso Él mismo, en aquellos momentos tan trascendentales, tuvo que optar voluntariamente por sufrir en Getsemaní y ser clavado en la cruz del Calvario. Él nos enseñó que no puede haber progreso sin verdadera libertad. Uno de los problemas del liderazgo de manipulación es que no surge del amor que se sienta por los demás sino de una necesidad de aprovecharse de ellos. Esos líderes se concentran en sus propias necesidades y deseos y no en los de los demás.
Jesús tenía la habilidad de contemplar los problemas y a la gente en perspectiva. Él podía calcular el efecto y el impacto a largo plazo de Sus palabras, no sólo en los que las escucharían entonces, sino también en quienes las leerían dos mil años después. Muchas veces, los líderes seculares se apresuran a resolver los problemas deteniendo el sufrimiento presente y de ese modo crean dificultades y sufrimiento mayores más adelante.
La participación
Jesús sabía cómo dar participación a Sus discípulos en el proceso de la vida. Les dio cosas importantes y concretas para hacer a fin de que lograran su propio desarrollo. Otros líderes han tratado de ser tan competentes que se han esforzado por hacerlo todo ellos mismos, lo cual produce escaso progreso en los demás. Jesús confía en Sus seguidores hasta el punto de compartir Su obra con ellos para que progresen. Ésa es una de las lecciones más grandiosas de Su liderazgo. Si hacemos a un lado a otras personas con el propósito de cumplir una tarea más rápida y eficazmente, la tarea se hará pero los seguidores no obtendrán el progreso y el desarrollo que son tan importantes. Debido a que Él sabe que esta vida tiene un gran propósito y que hemos sido puestos en este planeta para obrar y progresar, ese progreso se transforma en uno de los grandes fines de la vida así como en un medio para lograr ese fin. Podemos proporcionar información correctiva a otras personas cuando cometan errores y hacerlo de una forma amable y beneficiosa.
Jesús no tenía temor de exigir lo necesario a aquellos a quienes dirigía. Su liderazgo no era condescendiente ni flojo. Tuvo el valor de llamar a Pedro y a otros hombres diciéndoles que abandonaran sus redes de pescador y lo siguieran, no después de terminada la temporada de pesca ni después de sacar llena otra red, sino de inmediato, en ese momento. Él hacía saber a las personas que creía en ellas y en sus posibilidades, lo cual le permitía ayudarles a expandir su alma por medio de nuevos logros. Gran parte del liderazgo secular es condescendiente y, en muchos aspectos, despectivo hacia la humanidad porque trata a la gente como si fuera necesario mimarla y protegerla de continuo. Jesús creía en Sus seguidores, no sólo por lo que eran sino por lo que podían llegar a ser. Mientras que los demás podrían haber visto en Pedro sólo un pescador, Jesús pudo verlo como un magnífico líder religioso, valiente y fuerte, que dejaría su marca en muchos seres humanos. Si amamos a los demás, podemos ayudarles a progresar exigiendo de ellos cosas razonables y reales.
Jesús confió a las personas verdades y tareas que estaban en proporción a su capacidad. No las abrumó con más de lo que podían hacer, sino que les dio lo suficiente para expandir su alma. Él estaba interesado en los aspectos básicos de la naturaleza humana y en producir cambios perdurables y no simplemente cambios superficiales.
La responsabilidad
Jesús nos enseñó que no solamente somos responsables de nuestras acciones sino también de nuestros pensamientos; es sumamente importante que recordemos eso. Vivimos en una época de “seguros sin culpabilidad” y de “no culpabilidad” también en otros casos de la conducta humana. Por supuesto, no es posible exigir responsabilidad sin principios concretos. Un buen líder tendrá presente que es responsable ante Dios así como ante aquellos a quienes dirige. Al exigirse responsabilidad a sí mismo, estará en mucho mejor posición de asegurarse de que los demás también se responsabilicen de su conducta y actuación. La gente tiende a funcionar de acuerdo con las normas ejemplificadas por sus líderes.
La buena administración del tiempo
Jesús nos enseñó también cuán importante es hacer buen uso del tiempo. Esto no significa que no deba haber nunca recreación, porque debe haber tiempo para la contemplación y la renovación, pero nunca para desperdiciarlo. La administración de nuestro tiempo es asunto de suma importancia y podemos ser buenos administradores sin desesperarnos ni ser entremetidos. El tiempo es algo que no se puede reciclar; cuando se nos va, se nos va para siempre. La tiranía de lo trivial consiste en que anula a las personas y los momentos verdaderamente importantes; lo insignificante esclaviza a lo trascendental y con demasiada frecuencia dejamos que la tiranía continúe. La buena administración del tiempo es, en realidad, una buena administración de nosotros mismos.
El liderazgo secular
Las personas a quienes más queremos, admiramos y respetamos como líderes de la familia humana tienen nuestra admiración porque representan, de muchas formas, las cualidades que Jesús tenía como persona y como líder.
Contrariamente, los líderes que a lo largo de la historia han resultado más nefastos para la humanidad lo fueron precisamente porque carecían casi por completo de las cualidades exhibidas por el Hombre de Galilea. Jesús fue abnegado, ellos fueron egoístas; a Jesús le preocupaba la libertad, a ellos el dominio; Jesús estaba interesado en prestar servicio, ellos en obtener importancia social; Jesús se ocupaba de atender a las necesidades de los demás, ellos se ocuparon sólo de sus propios intereses; Jesús se interesaba en el desarrollo de Sus discípulos, ellos procuraron manipular a los seres humanos; Jesús estaba lleno de compasión combinada con justicia, ellos estaban llenos de crueldad e injusticia.
Quizás no todos podamos ser un ejemplo perfecto de liderazgo, pero todos podemos hacer un sincero esfuerzo por acercarnos a ese grandioso ideal.
Nuestro potencial
Una de las grandes enseñanzas del Hombre de Galilea, el Señor Jesucristo, fue que todos llevamos dentro inmensas posibilidades. Al instarnos a ser perfectos así como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto, Jesús hablaba en serio y nos dio a conocer una extraordinaria verdad en cuanto a las posibilidades y al potencial que tenemos. Es una verdad asombrosa, tanto que es difícil contemplarla. Él, que no mentía, procuró con ella atraernos para que avanzáramos por el camino hacia la perfección.
No somos todavía perfectos como Jesús, pero a menos que los que nos rodean puedan percibir que nos esforzamos y mejoramos, no podrán vernos como ejemplos sino que nos verán como personas carentes de seriedad en cuanto a lo que debemos hacer.
Cada uno de nosotros tiene más oportunidades de hacer el bien y de ser bueno de las que en realidad aprovecha; esas oportunidades nos rodean por todas partes. Sea cual sea en la actualidad nuestro círculo de buena influencia, si mejoráramos nuestra actuación aunque fuera un poco, ese círculo se ampliaría. Si nos preocupáramos por mejorar nuestra actuación al respecto, hay muchas personas que aguardan para que les extendamos una mano y las amemos.
Debemos recordar que esos seres humanos que encontramos en los estacionamientos, en las oficinas, en los ascensores y en otros lugares son parte de la humanidad que Dios nos ha dado para que amáramos y sirviéramos. Poco nos beneficiaría hablar de la hermandad de la humanidad si no podemos contemplar a todos los que nos rodean como nuestros hermanos. Si nuestra demostración de sentimientos humanitarios resulta poco llamativa o parece pequeña, debemos recordar la parábola que nos dio Jesús en la cual nos hace notar que la grandeza no siempre es un asunto de tamaño ni de comparación, sino de la calidad de nuestra vida. Si empleamos bien nuestro talento y nuestras habilidades y las oportunidades que nos rodean, eso no pasará inadvertido para Dios. Y a aquellos que obren bien con las oportunidades que se les ofrezcan ¡se les ofrecerán aún más!
Las Escrituras contienen muchos ejemplos maravillosos de líderes que, aunque no eran perfectos como Jesús, fueron sumamente eficientes; el leerlos, y el hacerlo a menudo, nos haría mucho bien. Hay veces en que olvidamos que las Escrituras nos ofrecen siglos de experiencia en liderazgo, y, lo que es más importante, nos dan los principios inalterables de acuerdo con los cuales debe funcionar el verdadero liderazgo a fin de tener éxito. Las Escrituras son el manual de instrucciones para el futuro líder.
El líder perfecto
No necesito justificación por mencionar algunos de los logros de Jesucristo para ayudar a los que quieran tener éxito como líderes.
Si queremos lograr el éxito, ahí está nuestro modelo. Todas las ennoblecedoras, perfectas y hermosas cualidades de la madurez, de la fortaleza y del valor se encuentran en Su Persona. Cuando una enorme y airada muchedumbre, armada hasta los dientes, fue a tomarlo prisionero, Él la enfrentó con resolución y dijo: “…¿A quién buscáis?”.
Sorprendidos, los de la muchedumbre respondieron: “…A Jesús nazareno”. “…Yo soy”, les dijo Jesús de Nazaret con altura y valor y con poder; y ellos “retrocedieron, y cayeron a tierra”. Por segunda vez les preguntó: “…¿A quién buscáis?”, y después que lo nombraron, les dijo: “…Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos [Sus discípulos]” (Juan 18:4–8).
Tal vez lo más importante que les pueda decir en cuanto a Jesucristo, más allá de todo lo que he dicho, es que Él vive y en verdad posee todas las virtudes y los atributos de los que nos hablan las Escrituras. Si pudiéramos llegar a saber eso, conoceríamos la realidad fundamental del hombre y del universo. Si no aceptamos esa verdad y esa realidad, entonces no tendremos los principios inalterables ni las verdades trascendentales por las cuales podamos vivir con felicidad y prestar servicio. En otras palabras, nos resultará muy difícil llegar a ser líderes productivos a menos que reconozcamos la realidad del líder perfecto, Jesucristo, y le permitamos ser la luz que nos alumbre el camino.
(Véase “Jesús: El líder perfecto”, Liahona, agosto de 1983, págs. 7–11.)